¡Miliki no ha muerto!

 

 

 

 

Me niego a pensarlo y, como yo, sus “niños de treinta años” y los de 40, 50 o más. Incluso los de menos, porque su obra y la de sus hermanos Gaby y Fofó, los populares Payasos de la tele, se ha traspasado de padres a hijos, a hermanos e incluso a nietos. Fueron tan grandes que sus “payasadas”, tan simples como profundas, nunca pasaron de moda y todavía las recordamos como algo nuestro.

 

Y es que los payasos de la tele forman parte de nuestras vidas, de nuestro patrimonio personal. Ellos que tanto se preocupaban por nosotros, que día tras día nos preguntaban ¿cómo están ustedes?; que se fueron poco a poco para no hacernos demasiado daño, sabrán hoy que no estamos tan ¡bieeeeeen! como les contestábamos entonces. Que les echamos de menos y que siempre estarán en nuestros corazones.

 

Mi profesión me permitió conocer al bueno de Miliki y a su familia durante un par de estancias en nuestra ciudad, a la que estaba cariñosamente ligado, con motivo de sendas participaciones en exaltaciones de Falleras Mayores Infantiles de Valencia. La primera vez (no la olvidaré nunca) llegaba con su espectáculo “Pon la cara feliz” acompañado de su hija Rita Irasema y parte de su extensa familia (nietos, sobrinos-nietos, etc). Nos deleitó y ¡de que manera! con sus canciones y su manera tan peculiar de llevar a la escena las situaciones mas disparatadas que podemos encontrar.

 

Su segunda participación fue mucho más seria ya que se convirtió en el Mantenedor de nuestra Fallera Mayor Infantil de Valencia. En ambos casos atendió amablemente a mis preguntas en sendas entrevistas además de que tuve el privilegio de ser su improvisado acompañante por los pasillos internos del Palau de la Música. Era la persona más feliz del mundo acompañando a uno de mis ídolos de infancia.

 

Por cierto, es de destacar su amabilidad y la de su esposa que siempre nos brindó su sonrisa, su paciencia y su comprensión.

 

Recuerdo todavía y como si fuese ahora mismo el impacto que para mí (y para el resto de niños y mayores de la España de entonces) supuso la muerte de Fofó. Mi corazón de niño y la falta de experiencia hacían que fuera inadmisible el hecho de tener que despedirme de uno de mis personajes de infancia preferidos. Con nuestro país totalmente consternado saltó a los medios informativos un titular al que me agarré con todas las fuerzas: “Fofó no ha muerto, quien ha muerto ha sido Alfonso Aragón Bermúdez”.

 

Con el fallecimiento de Miliki ese mismo titular se repite en mi mente y me martillea sin cesar aunque, en este caso, cambia el nombre…….

 

¡Miliki no ha muerto!, quien a muerto es Emilio Aragón Bermúdez.

 

Descanse en paz.

 

Marcos Soriano Soriano

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